EL DEUTERONOMIO

Y

LOS PROFETAS DEL SIGLO VII

DEL MISMO AUTOR

fflSTORIA DE LA RELIGION DE ISRAEL, SEGUN LA BIBLIA, LA ORTO- DOXIA Y LA CIENCIA. 1935-1953. Montevideo. De esta obra se han publicado los siguientes volúmenes:

Tomo I. Moisés y su dios (480 págs. con 25 grabados y 2 mapas). Tomo II. Los Jueces y el comienzo de la monarquía israelita (445 pága.

con 8 grabados). Tomo III. El rey David (500 págs. con 7 grabados).

Tomo IV. Salomón y su pretendida obra literaria. 1* parte: El Cantar de

los Cantares (280 págs. con 6 grabados) . Tomo V. Salomón y su pretendida obra literaria. 2' parte: Proverbios,

Eclesiastés y Sabiduría de Salomón (342 págs.). Tomo VI. El Cisma. Los comienzos de la literatura bíblica. El origen del

hombre (368 págs. con 24 grabados). Tomo VIL Los patriarcas y la primitiva legislación hebrea (344 págs.). Tomo VIII. Los profetas del siglo VIII, con 8 grabados (509 págs.).

El tomo VIII obtuvo el primer premio en la sección Obras Históricas, otorgado por la Universidad de Montevideo, en el concurso de libros científicos, históricos, sociológicos, filosóficos y educativos, publicados en la República del Uruguay, en 1951.

LA LIBERTAD A TRAVES DE LA HISTORIA (488 págs.). 1943. Montevideo.

INTRODUCCION AL ESTUDIO DE LAS RELIGIONES, con 4 grabados. (496 págs.). 1946. Editorial Claridad. San José, 1621. Buenos Aires.

LA REPUBLICA DEL URUGUAY EN SU PRIMER CENTENARIO, 2* edición, con numerosos grabados. 1930. 234 págs. Montevideo.

CODIGO CIVIL DE LA REPUBLICA O. DEL URUGUAY, anotado y concor- dado. 3* edición (Colaboración del Dr. Mario Nin Pomoli). 1016 pága. Colombino Hnos. S. A. Piedras, 477. Montevideo. 1951.

Obras agotadas

LA IMPUREZA. Estudios de higiene y moral sexudes para los jóvenes. 2' edi- ción. 1906. Barcelona.

LA PUREZA JUVENIL. Epítome de un curso de instrucción sexual para joven- citos de 14 a 16 años. 1906. Barcelona.

LA DEMOCRACIA Y LA IGLESIA. 1939. Folleto.

HISTORIA POLITICA DE LOS PAPAS, DESDE LA REVOLUCION FRAN- CESA A NUESTROS DIAS. P parte: De Pío VI a León XIII inclusive. 1943. (202 págs. con 6 grabados). Montevideo.

En diciembre de 1950, el Ministro de Instrucción Pública de la República O. del Uruguay, en virtud del fallo del Jurado del Concurso de Remuneraciones Literarias del año 1949, adjudicó

MEDALLA DE ORO

al Dr. Celedonio Nin y Silva por su obra literaria realizada.

V

NO'.

CELEDONIO NIN Y SILVAV

EL DEUTERONOMIO

Y

LOS PROFETAS DEL SIGLO VII

CON 18 GRABADOS

Considerad que no he trabajado sólo para mí, sino para todos los que buscan la ciencia (o solicitan la enseñanza).

Eclesiástico, 33, 17 ó 18.

Colombino Hnos. S. A. - Impresores Piedras 477 MONTEVIDEO ( Uruguay) 19 5 3

Tomo IX de la

HISTORIA DE LA RELIGION DE ISRAEL SEGUN LA BIBLIA. LA ORTODOXIA Y LA CIENCIA

Obra escrita expresamente para la juventud española e hispanoamericana.

En preparación para completar esta obra:

Tomo X. Los profetas exilíeos y el nacimiento del judaismo. Tomo XI. Los profetas postexilicos y Literatura bíblica judía. Tomo XII. El último profeta judío y su divinización.

Es propiedad de su autor

Dirección: Dr. Pablo de María, 1382 Montevideo (Rep. O. del Uruguay)

Queda hecho el depósito que establece la ley N' 9.739

Al lector

Recomendamos que se lea este libro tranquila y meditadamenté, ya que no es obra de imaginación, sino que expone con las tesis orto- doxas, los resultados a que ha llegado la ciencia bíblica independiente, y toda obra de ciencia exige concentración de espíritu para pesar ra- zones y formar criterio propio sobre los temas expuestos.

Reiteramos el consejo formulado anteriormente de que se vean los párrafos que se citan con este signo (%), y que se tenga a mano una Biblia cualquiera para leer aquellos capítulos de ella que comentamos, y que no hayamos transcrito totalmente, o a veces ni siquiera parcial- mente, a fin de no hacer demasiado voluminoso este tomo.

CAPITULO I

El reinado de Manasés

sus ABOMINACIONES. 3185. La historia política de Judá en el siglo VII está dominada por dos importantes reinados: en su primera mitad, por el de Manasés (698-643), y en la segunda, por el de su nieto Josías (637-609). Manasés, que sucedió a su padre Exe- quias, siguió una politica totalmente opuesta a la de éste. Al ascender al trono, a los 12 años de edad, se encontró con que su reino era una dependencia del de Asiria, al que estaba obligado a pagar tributo, y tuvo el tino de mantenerse fiel a sus amos asirlos, con lo que impidió que Judá fuese completamente destruido, asolado ya hacía poco, por la expedición de Sennaquerib 2922-2926). Manasés, que ase- guró a 8u país una larga paz de más de medio siglo, fué pintado con los más negros colores por los escritores deuteronómicos que redacta- ron y luego retocaron en el destierro el libro bíblico de los Reyes. He aquí las censuras que se le dirigen en II Rey. 21; 5 Hizo lo que desagra- daba a Yahvé, imitando las prácticas abominables de las naciones que había echado Yahvé delante de los hijos de Israel. 3 Volvió a edificar los altos que Ezequías, su padre, había destruido (o abolido) ; levantó altares a Baal, e hizo un poste sagrado (o ashera, § 88) semejante al que había hecho Acab, rey de Israel 1955) ; y se postró ante todo el ejército de los cielos y les rindió culto. 4 Edificó altares en la casa de Yahvé, de la cual había dicho Yahvé: "Haré habitar mi Nombre en Jerusalén". 5 Edificó altares a todo el ejército de los cielos en los dos patios de la casa de Yahvé. 6 Hizo pasar a su hijo por el fuego; se entregó a la interpretación de los presagios y de los agüeros; insti- tuyó hombres para consultar a los muertos y a los espíritus que co- nocen las cosas ocultas; y multiplicó las ocasiones de hacer lo que desagradaba a Yahvé para provocar su cólera. 7 La estatua de Ashera que fabricó, la puso en la casa de la cual había dicho Yahvé a David y a Salomón su hijo ' "En esta casa y en Jerusalén, la ciudad que he elegido entre todas las tribus de Israel, haré habitar mi Nombre para siempre... 16 También Manasés derramó mucha sangre inocente, hasta inundar de ella a Jerusalén, de un extremo al otro de la ciudad;

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ABOMINAaONES DE MANASES

pecado que se añadió al que había cometido, induciendo a Judá a hacer lo que desagradaba a Yahvé.

3186. Examinemos esas "prácticas abominables" de Manases. 1"? Volvió a edificar los altos que Ezequías había destruido". Esta censura es infundada, pues carece de consistencia histórica la supuesta destrucción o abolición por Ezequías, de los santuarios populares lla- mados 'ios altos", 88), según lo hemos comprobado anteriormente 2933), pues esa pretendida reforma de Ezequías, no reclamada por los profetas de su tiempo, se le atribuye a este rey falsamente por los redactores deuteronómicos de su biografía, a causa de ser un piadoso y ah vista, cuando en realidad correspondió sólo a su bisnieto Josías, quien, según II Reyes fué el primero en tomar tales drásticas medi- das (22, i3; 23, 5). Luego cáese de su peso que si Ezequías no des- truyó los santuarios de la referencia, mal pudo después su hijo "vol- verlos a edificar". 2"? Erigió altares a Baal en la casa de Yahvé, y puso allí también una estatua que había mandado fabricar, de la diosa Ashera. Véase al respecto lo dicho en § 1928. Sobre esto escribe L. B. d. C: "En la angustiosa situación en que se encontraba Judá, humillado y aplastado bajo el yugo asirlo, algunos, razonando como los contemporáneos de Jeremías (Jer. 44, 17), atribuían las desgracias del país al olvido en que se habían dejado a las antiguas divinidades de la comarca, como Baal y Ashera". Manasés, en consecuencia, de acuerdo con la opinión quizá general, había asociado a Yahvé, que se había mostrado impotente para defender a su pueblo, el culto de viejos dioses cananeos, de los que se creía recibir los productos de la agricultura y demás dones que se obtenían con el esfuerzo humano (Os. 2, 5-8; § 2831-2832) Recuérdese que el yahvista rey Salomón, nada menos que edificador del Templo de Jerusalén, o sea, la Casa de Yahvé tantas veces mencionada en este cap. 21 que vamos estu- diando, había levantado también altares, en su propia capital, para que sus mujeres extranjeras rindieran allí culto a sus deidades, tales como Gamos, Moloc y Astarté, siendo esta última la misma ashera, cuyo culto restableció Manasés 76, 1342).

3187. 39 Se le reprocha igualmente a este monarca el haber intro- ducido en su país la astrolatría, o sea, el culto de "todo el ejército de los cielos", los astros, religión de los asiro-babilonios. Al respecto, expresa L. B. d. C. : "La adoración de la luz y del ejército de los cielos, es decir, de los astros, era práctica común a todos los semitas, siendo los babilonios los primeros que constituyeron un panteón astral y una mitología astral. Fué el culto de estas divinidades asiro-babiló- nicas, asociadas cada una a un cuerpo celeste, que se extendió en Judá, en el siglo VII, con la aprobación oficial de Manasés: se adoró a Istar (Jer. 7, 18; 44, 17-25) ; se lloró a Tammuz (Ez. 8, 14; § 509-511) ; se quemaron perfumes sobre las terrazas de las casas (Sof. 1, 5; Jer. 19,

EL NOMBRE DE YAHVE

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13; 32, 29), lo que es fácil de concebir, porque las sorprendentes vic- torias de los asirios parecían demostrar la potencia superior de sus dio- ses. Particularmente el rey estaba obligado, en su calidad de vasallo, a rendir homenaje a los dioses de su soberano. Un rey de Asur dice, ha- blando de los vencidos: "Les impuse el sacrificio a los grandes dioses de Asirla". Este imperio, como manifiesta Loisy, "penetraba en Jerusalén con sus ejércitos, su civilización y sus dioses, por lo que Manasés y su pueblo servían a estos nuevos amos: los de la tierra y los del cielo. Ignó- rase cómo se conciliaba el culto de estos dioses extranjeros con el de Yahvé, que continuaba siendo el dios nacional. Quizá se formó una es- pecie de jerarquía local en la que conservaba Yahvé el primer puesto, lo que hubiera influido sobre las ideas de la edad siguiente, en la cual los dioses de las naciones se convierten en espíritus celestes, delegados por Yahvé para el gobierno de los pueblos" {La Reí. d'Isr. p. 113) . Este poli- teísmo naturalista, que consideraba a los astros como dioses o como manifestaciones de ellos, quienes desde el cielo reinaban sobre la Tierra, influyendo en sus destinos, persistió en Judá por mucho tiempo, echando allí hondas raíces. En efecto, cuando después de la destrucción de Jerusalén, un grupo de judíos huye a Tafnés, en el brazo oriental del Nilo, arrastrando consigo a Jeremías, las mujeres, sus compatrio- tas, le dicen a este profeta que no lo obedecerán en adelante, sino que continuarán honrando a la Reina del Cielo, que les aseguraba la feli- cidad, mientras que les había ocurrido todo lo contrario desde que habían abandonado ese culto (Jer. 44, 17-18; § 3588). Esta argumen- tación era lógica, inatacable, desde que se parte del postulado que con las oraciones o actos del culto se consiguen los beneficios que se espe- ran de la divinidad.

3188. Nótese que para el materialismo religioso del escritor bí- blico, el NOMBRE de Yahvé era una entidad real, una especie de des- doblamiento de dicho dios, algo así como el maleak 365, 1402; nuestra Introducción, § 130), pues repite como reproche contra Ma- nasés, que éste había edificado altares en el templo salomónico, y allí había colocado la estatua de Ashera, lo que a su juicio constituía una profanación de aquel lugar sagrado, del que había dicho Yahvé: "Haré habitar mi Nombre en Jerusalén" (vs. 4, 7). Ese nombre, que había servido a David de escudo invulnerable en su lucha contra Goliat 900 al final), es el que habitaba y quería Yahvé que continuara habitando solo, sin acompañamiento de otros dioses, en la casa divina de Jerusalén. Esos altares a divinidades extranjeras dentro del templo, suponían, pues, en la mente del escritor, un insulto al dios nacional, dueño y único habitante de esa casa; pues quizá "en el pensamiento del rey, eran indicio de que subordinaba las divinidades asirías al dios de Israel, identificado por él con Anú, el dios de los cielos por excelencia, de los babilonios" (L. B. d. C). Otro escritor posterior agregó que los

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PASAR A LOS HIJOS POR EL FUEGO

altares a todo el ejército de los cielos, los habia construido Manases en los dos patios de la casa de Yahvé (v, 5) , característica ésta del se- gundo templo, por lo que anota L. B. d. C: "En rigor, podría tratarse del único patio del Templo salomónico y del gran patio (el patio exte- rior, fig. 3 del t9 IV) común al Templo y al palacio (I Rey. 7, 12) ; pero más bien parece que el redactor de esta frase, escribiendo después del regreso del destierro, se figuraba el antiguo Templo a imagen del de su tiempo, que tenía dos atrios concéntricos".

3189. Otra grave acusación contra Manasés es la siguiente: "hizo pasar a su hijo por el fuego" (v. 6) o "a sus hijos", según el Cro- nista, o por error del copista (II Crón. 33, 6) , y ya sabemos que "hacerlo pasar por el fuego" significa quemarlo en holocausto a la divi- nidad. Quien leyera este pasaje, totalmente desprevenido, sin conocer nada de la Biblia, supondría con razón, que Manasés, que cometió tan horrible acto con un hijo suyo, debió de haber sido un monstruo de maldad. Pero probablemente modificaría tal juicio, al saber que el sacrificio de los primogénitos era una de las prácticas exigidas a sus fieles por el yahvismo antiguo (Ex. 22, 29; Éz. 20, 24-26), barbarie que esta religión tomó de los pueblos cananeos, como tantos otros ritos de los mismos 88, 383, 508, 1064), y que después suavizó, institu- yendo el rescate de las probables víctimas (Ex. 13, 13), institución que prueba la existencia de la cruel costumbre, que ahora se quería enmen- dar. "Los israelitas, dice L. B. d. C, como antes de ellos los cananeos, recurrían a los sacrificios de niños, sobre todo en épocas de crisis, como medio particularmente eficaz de obrar sobre su dios, por lo que se multiplicaron las inmolaciones durante las calamidades de los siglos VII y VI". El profeta anónimo, algunas de cuyas producciones se ha- llan en la parte final del libro de Miqueas, y que probablemente vivió en el reinado de Manasés, supone que el pueblo se pregunta si para obtener el favor divino, tendrá, entre otros medios, que dar a su primo- génito por sus transgresiones 801-802), lo que comprueba que esa era una práctica usual, que no levantaba la indignada protesta de las gentes honradas. Para no repetirnos inútilmente, rogamos al lector que se sirva leer los párrafos 2299 y 2912, en los que hemos estudiado de- tenidamente esa práctica bárbara de la religión nacional israelita. Ob- serva Loisy que entonces "si se festejaban los dioses de Asiría, no se olvidaban las tradiciones de Canaán. La Reina de los cielos recibía públicos homenajes, a )a vez que era una costumbre bastante regular- mente seguida, la de inmolar a los primogénitos. Según los profetas, esos sacrificios eran ofrecidos a Melek (Moloc) ; pero los mismos pro- fetas dejan comprender que los que se entregaban a esa práctica, pen- saban con ella honrar a Yahvé. Lo cierto es que la combinación del res- cate de los primogénitos a Yahvé, consagrada en la legislación mosaica, supone no sólo que el pueblo judaíta había estado familiarizado con

LA ADIVINACION Y EL ESPIRITISMO

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la práctica de la inmolación, sino también que, en la opinión ortodoxa, se consideraba que los primogénitos se debían a Yahvé. El estado de los documentos, si bien no permite afirmar, permite por lo menos con- jeturar verosímilmente que el tofet del valle de Hinnom, el futuro gehenna 987), era un lugar santo de Jerusalén, anterior a la con- quista de esta ciudad por David, donde se ofrecían sacrificios humanos, especialmente sacrificios de primogénitos, al dios de la ciudad, a su Melek 75, 88, 383). Yahvé habría heredado el título divino, el san- tuario y los sacrificios, sin que no obstante se hubiese perdido com- pletamente el recuerdo de lo que era este culto por su origen, el cual en tiempo de Manasés, florecía más que nunca; y como el desarrollo del politeísmo va a provocar una reacción yahvista (la reforma de Jo- sías), en realidad, la mayor que se hubiese visto desde la fundación de la monarquía, esa reacción, quizá por la primera vez en Judá, con- denará formalmente el sacrificio de los primogénitos, atribuyéndolo al antiguo Melek y rehusándolo para Yahvé" {La Reí. d'Isr. ps. 173, 174) .

3190. 59 Se le reprocha igualmente a Manasés el haberse entregado a la adivinación, la necromancía y el espiritismo (v. 6) . Estos dos últi- mos cargos pueden reducirse al primero, porque realmente "interpre- tar los presagios y los agüeros" y "consultar a los muertos y a los espí- ritus que conocen las cosas ocultas", no son sino diversas formas de adivinación, pues tienden a tratar de descubrir lo futuro o lo que se ignora. Pero este es otro ejemplo en que el rey censurado por el secta- rismo deuteronómico del escritor, no hizo otra cosa que persistir en prácticas consuetudinarias de su pueblo o favorecer oficialmente su desarrollo, ya que estaban muy generalizadas entre los hebreos (nuestra Introducción, § 151-154). Lo más curioso del caso es que en nombre de Yahvé se ataca acerbamente a Manasés por entregarse a las citadas prácticas adivinatorias, cuando el propio Yahvé era un dios de sorti-. Jegios, como lo hemos evidenciado en § 387-392. Lo que hay es que la religión yahvista consideraba lícitas sólo sus prácticas adivinatorias, y censurables todas las demás, aunque lógicamente tan supersticiosas eran las unas como las otras.

3191. La última negra pincelada en el retrato de Manasés es la que lo pinta como fanático intolerante, que "derramó mucha sangre inocente, hasta inundar de ella a Jerusalén, de un extremo al otro de la ciudad" (v. 16). Esta inusitada hipérbole para describir la extensión de las sangrientas persecuciones del monarca, hace dudar que se trate de hechos reales, a lo menos que hayan tenido tan extrema intensidad. La acusación, dice Loisy, es tanto más sospechosa, cuanto que no se nombra ninguna víctima. L. B. d. C. escribe al respecto; "Puede tratarse, en modo general, de mala administración de justicia. Sin embargo, la tradición entiende que aquí se alude a una sangrienta persecución diri- gida por el rey contra los profetas y sus discípulob". Una de las vícti-

INTOLERANCIA DE MANASES

mas de Manases habría sido Isaías, según la leyenda rabínica relatada en § 2858. El escritor deuteronómico que después del desastre del año 586, retocó el libro de Reyes, agregando, entre otros trozos, los vs. 7-15 del cap. que estamos estudiando, expresa que en virtud de las aludidas abominaciones de Manases (vs. 2-7) , Yahvé por boca de sus servidores los profetas, dijo: "12 Voy a hacer venir sobre Jerusalén y sobre Judá tales calamidades que harán zumbar los oídos de cualquiera que oyere hablar de ellas". El autor tomó literalmente esta frase de I Sam. 3, 11 o de Jer. 19, 3, y prosigue así: "13 Pasaré sobre Jerusalén el cordel que he pasado sobre Samaría y el nivel que he empleado para la casa de Acab, y limpiaré a Jerusalén como un plato que se friega y que en seguida se pone boca abajo. 14 Desecharé los restos de heredad y los entregaré en mano de sus enemigos, todos los cuales podrán saquearlos y despojar- los, 15 porque han hecho lo que me desagrada y han provocado mi cólera, desde el día en que salieron sus padres de Egipto, hasta hoy". Nota L. B. d. C. que la cuerda y el nivel servían no sólo para construir, sino tam- bién para nivelar las ruinas y partir el terreno entre nuevos ocupantes; y que las consideraciones de los vs. 7-9, así como éstas de los vs. 10-15, que el autor atribuye a profetas anónimos, —ya que no se ha conserva- do el nombre de ningún profeta en el reinado de Manasés , "tienen por objeto explicar cómo las promesas divinas hechas al Templo, se concillan con la ruina de Jerusalén y la deportación de los habitantes de Judá. Este trozo debe provenir, lo mismo que el v. 5, del redactor deuteronómico que retocó el libro de Reyes después del destierro". Trá- tase, pues, de "vaticinium post eventum", o sea, de profecías posteriores a los sucesos anunciados.

3192. Hay dos hechos que hacen suponer que realmente empleó Manasés procedimientos sanguinarios contra aquellos que se oponían a su política religiosa, a saber: 1^ el citado, de haber permanecido mu- do el profetismo ético, durante el largo reinado de dicho monarca, de más de medio siglo; y que en esa época, los yahvistas enemigos del sincretismo religioso oficial, y partidarios acérrimos del culto exclu- sivo del dios nacional, conservaron en silencio su fe, y de su seno, quizá del grupo de los discípulos de Isaías , salieron aquellos que junto con los sacerdotes del Templo, fieles a Yahvé, prepararon el nú- cleo del libro que lleva hoy el nombre de Deuteronomio, o sea, una co- lección de preceptos que se daban como provenientes de la divinidad israelita, en que se atacaban muchas de las referidas prácticas reinantes, juzgadas como contrarias al neo-yahvismo evolucionado de los grandes profetas det siglo anterior. Ese libro se guardó secretamente en el Templo, hasta que apareciera un rey piadoso, como Ezequías, el cual pudiera proclamarlo ley del Estado. Según pronto veremos, esto fué lo que sucedió en el reinado de Josías, y lo que originó la reforma reli- giosa de este monarca. Pero mientras tanto, la masa del pueblo culti-

MANASES SEGUN LAS CRONICAS

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vaba sin protestas aquella amalgama religiosa hebrea-asiria, hasta el punto que cuando después de un corto reinado, fué muerto Amón, hijo y sucesor de Manasés, "el pueblo mató a iodos los que habían cons- pirado contra el rey Amón y proclamó rey, en su lugar, a su hijo Josías" (II Rey. 21, 24), de ocho años de edad, manteniendo durante la menoría de éste, el régimen de culto que habían sancionado Manasés y Amón.

ADICIONES DEL LIBRO DE CRONICAS A LA BIOGRAFIA DE MA- NASES. — 3193. El segundo libro de Crónicas nos da también, en su cap. 33, el relato del reinado de Manasés, cuya primera parte (vs. 1-10) reproduce casi textualmente el texto de II Rey. 21, 1-9, que acabamos de analizar, con la anotada salvedad de que le hace "pasar por el fuego" a sus hijos (v. 6), cuando II Reyes le achaca sólo haber come- tido esa iniquidad con su hijo. Pero tras esta primera parte, viene una segunda en la cpie se refieren los siguientes hechos, de la cosecha propia del Cronista: '11 Entonces Yahvé hizo venir contra ellos (el rey y su pueblo) a los jefes del ejército del rey de A siria, que se apoderaron de Manasés con garfios (o ganchos) , lo engrillaron y lo llevaron a Babi- lonia. 12 Cuando se vió angustiado, trató de aplacar a Yahvé, su dios; se humilló profundamente ante el dios de sus padres, 13 y le oró. Enton- ces se conmovió Yahvé, escuchó sus súplicas y lo restableció en su dignidad real, en Jerusalén. Y reconoció Manasés que Yahvé es Dios. 14 Después de esto, construyó delante de la muralla de la Ciudad de David, un muro exterior, al Occidente de Guihón (o Gihón), en la ba- rranca (o quebrada), hasta junto a la puerta de los Pescados; cercó el Ofel, dándole al muro gran altura; y además puso gobernadores en todas las plazas fuertes de Judá. 15 Después sacó de la casa de Yahvé los dioses extraños y la estatua; así como todos los altares que había edificado en el monte de la casa de Yahvé y en Jerusalén, y los arrojó fuera de la ciudad. 16 Restableció el altar de Yahvé y en él ofreció sacrificios de paz y de acciones de gracias; y ordenó a Judá que rin- diese culto a Yahvé, el dios de Israel. 17 Sin embargo, el pueblo con- tinuaba aún sacrificando en los altos, aunque únicamente a Yahvé, su dios.

3194. ¿Es o no histórica esta página bíblica? Se impone la res- puesta negativa menos quizá en los datos de las construcciones de- talladas en el v. 14 , por las razones siguientes:

El libro de las Crónicas, donde se encuentra el relato de la referencia, es una obra sacerdotal, tendenciosa, del siglo III o quizá más bien del II a. n. e., a la cual, por sus fantasías, nos hemos visto obligados a llamarla "novela histórica". Léanse, en efecto, entre otros párrafos § 1101-1110, 1290^ 1920, 1938-1949, 1964-1966. La ma- yor parte de ese libro está formado de extractos textuales de los libros de Samuel y de los Reyes, completados con un comentario de este úl-

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PROCEDIMIENTO TENDENCIOSO DEL CRONISTA

timo libro, que circulaba con el título de "Midrach del libro de los Reyes", o según los LXX, con el de "Midrach de los Reyes", y ya sabe- mos que los judíos llamaban midrach a la interpretación o comentario de un libro sagrado (t*? I, p. 473), comentario en que, por lo general, con finalidad edificante, se le hacían numerosas adiciones al relato bí- blico original. Véase en § 341 cómo pretende justificar tal procedi- miento, el escritor judío contemporáneo Edmundo Fleg, quien a su vez, lo empleaba él mismo.

3195. 29 Como los profetas del siglo VIII habían proclamado que uno de los caracteres esenciales de Yahvé era la justicia, por lo cual no trepidaría él en aplicar a su pueblo los más terribles castigos por sus pecados, y como a fin del VII ocurrió la conquista de Jerusalén por los caldeos, que trajo consigo el destierro a Babilonia, se aceptó como verdad indiscutible que el castigo sigue inmediatamente a la culpa. Ezequiel (cap. 18) confirmó esa creencia sosteniendo que, sin dila- ción, Yahvé retribuye el bien a los hombres, o pena el mal que hubie- ren hecho; recompensa o condena que se efectuará en este mundo, por- que en aquel entonces no se hablaba todavía de premios ni de sancio- nes de ultratumba. Por esto, los escritores deuteronómicos que retoca- ron los libros de Jueces, Samuel y Reyes, trataron de descubrir el castigo infligido personalmente a los monarcas o a la nación, por cada falta que se pudiera imputar a aquéllos o a ésta, y arreglaron los rela- tos de acuerdo con ese criterio. Véase en prueba de ello, § 1290. Con mayor desenfado procede el Cronista, quien escribió muchos siglos más tarde que el redactor de Reyes, pues corrige, completa, omite o añade datos a los que traen sus fuentes, formando así una obra seudo-histó- rica, conforme con sus prejuicios religiosos. "Cuando esas fuentes, dice L. B. d. C, mencionan alguna falta cometida por un rey, sin indicar la desgracia, que debió ser su castigo, el redactor de las Crónicas a menudo llena por su cuenta esa laguna, que para él es evidente (así ocurre p. ej., con Joram, II Crón. 21, 6-20, o con Acaz, II Crón. 28, 5-8). Inversamente, cuando el libro de los Reyes menciona solamente alguna desgracia acaecida a un soberano piadoso, las Crónicas suplen la indicación precisa de la falta que debe haber provocado ese castigo. Así el Cronista entera al lector del porqué Uzías o Azarías contrajo la lepra (II Crón. 26, 16-23; cf. II Rey. 15, 5) ^porque no siendo sacer- dote, había querido ofrecer perfumes a Yahvé , o la razón por la cual el piadoso rey Josías pereció en la batalla de Megido (II Crón. 35, 21-22), ^porque no había sabido reconocer un mensaje divino en la orden que le había dado su enemigo, el faraón Necao, de que se reti- rara sin combatir. También tiene el Cronista a priori históricos, en virtud de los cuales rectifica los datos de sus fuentes; así, p. ej., está persuadido que las leyes sacerdotales del Pentateuco (P) remontan a Moisés, y en consecuencia afirma que Salomón despidió al pueblo el

SUPUESTOS CASTIGOS DE YAHVE

15

noveno día de la fiesta de los Tabernáculos (II Crón. 7, 10, según Núm. 29, 35), y no el octavo, como lo expresa el libro de Reyes (I Rey. 8, 66 de acuerdo con Deut. 16, 13-15) . Representa a los levitas como habiendo formado, desde el comienzo de la época real, una casta que poseía ya la organización que tenía en los siglos III o 11".

3196. Dados estos antecedentes, se explica con luz meridiana, que encontrando el Cronista en el libro de Reyes que el rey Manases, siendo impío, había sin embargo disfrutado de un larguísimo reinado pacífico y venturoso, entendió que había que enmendar ese relato que tan mal parada dejaba la referida tesis prof ética, y entonces inventó un castigo para aquel monarca: su cautividad en Babilonia, seguida de su arrepentimiento, para terminar en que Yahvé lo repuso en su digni- dad real, por lo que Manasés abandonó su sincretismo religioso y re- formó el culto, volviendo al más impoluto yahvismo. Lo mismo pasó con el célebre rey caldeo Nabucodonosor, que, como sabemos, quemó la casa de Yahvé, destruyó a Jerusalén y llevó cautivos a sus habitantes, motivos más que suficientes para que debiera recibir la merecida pena. En consecuencia, un visionario judío del siglo II a. n. e., autor del libro de Daniel, lo enloquece al fin de su reinado y lo transforma en cua- drúpedo, pues nos relata que a causa del orgullo de ese monarca por haberse creído igual a Yahvé, este celoso dios lo convierte en bestia y lo hace vivir siete años en los campos, pastando con el ganado, hasta que los cabellos le crecieron como plumas de águila y las uñas como las de ave de rapiña. Pasado ese período, Nabucodonosor recupera el juicio y bendice al Altísimo (probablemente por la metamorfosis que le había dispensado), y entonces éste, con la forma humana, le devuelve el poder real (Dan. 4, 28-37).

3197. 49 La falsedad de ese relato de II Crón. 33, 11-17 resulta clara de esta simple consideración: que si el redactor de Reyes y los escritores deuteronómicos que retocaron ese libro, quienes vivían en época cercana a la de Manasés, hubieran conocido tan trascendenta- les acontecimientos, que venían a confirmar la tesis profética y a favo- recer el concepto de mantener la pureza de la religión nacional, libre de contubernios con otras religiones extranjeras, no hubiesen dejado de narrar hechos de tanta importancia. Su silencio y el de los profetas de ese siglo, al respecto, serían inexplicables si se tratara de sucesos ver- daderamente históricos.

3198. Otros hechos corroboran estas lógicas conclusiones. Cuando un pueblo enemigo ataca a Israel o a Judá, no se deja de nom- brar al monarca atacante, p. ej.: Sisac o Sheshonc I, de Egipto 1927) ; Pul, Salmanasar, Sennaquerib, reyes de Asiría (II Rey. 15, 19; 17, 3; 18, 13) ; o Nabucodonosor, rey de Babilonia (II Rey. 24, 1) ; pero cuando se trata de relatos ficticios, ocurre como en nuestros cuentos que comienzan: "había una vez un rey", cuyo nombre no se menciona

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QUIMERICO CAUTIVERIO DE MANASES

por tratarse de hechos quiméricos (final de § 113). Pues lo mismo pasa en la narración del Cronista: ni se nombra el rey de Asiria, ni se indica cuándo sucedieron los referidos acontecimientos, pues todo se mueve dentro de la mayor vaguedad: Yahvé hizo venir contra ellos a los jefes del ejército del rey de Asiria, como si esos jefes hubieran obrado por su propia cuenta, impulsados sólo por el dios israelita. Re- cuérdese que en la época de Manasés, Asiria había llegado al apogeo de su poder con dos grandes monarcas: el hijo de Sennaquerib, Asar- haddón (680-669) y el hijo y sucesor de éste, Asurbanipal (668-626). Ninguno de estos poderosos soberanos hubiera permitido que un va- sallo suyo, como Manasés, a quien, después de tenerlo aprisionado un tiempo (no se dice cuánto), se le acuerda la gracia de volver a su país, fuese luego derecho a reforzar las defensas de su capital, como prepa- rándose para una nueva guerra. Sobre esas construcciones de Manasés, anota L. B. d. C: "Da a entender el Cronista, por el lugar en que in- serta estos datos, que la posibilidad de volver a poner el reino en es- tado de defensa fué recompensa acordada por Yahvé a Manasés al re- tornar a la fe de sus padres: efectivamente hubiese sido necesario que se hubiera casi independizado del rey de Asiria, para permitirse seme- jantes libertades con respecto a su soberano. Otro tanto debe decirse de la expulsión de los dioses extraños (v. 15) ; porque ella atentaba ante todo contra el ejército de los cielos adorado por los asirlos".

3199. 69 Nótese además que el Cronista afirma que Manasés fué llevado cautivo a Babilonia, siendo éste, otro indicio de la inverosi- militud de su relato, pues de ser cierto, el nombrado habría sido con- ducido a Nínive, la capital del reino asirlo, y nunca a Babilonia, tur- bulenta ciudad impropia para ser retenido en ella un reyezuelo insu- bordinado. Aunque Babilonia estaba entonces en poder de Asiria, era una ciudad levantisca, que renacía de sus ruinas después de haber sido quemada por Sennaquerib en el 689, y donde reinó como regenta Nikúa, esposa de Asarhaddón, (676-672), luego de vencido el hijo de Mero- dac-Baladán 2946), y de sofocada una sublevación de caldeos en el 676. Nikúa murió en el 672, tres años antes de su esposo, quien al fallecimiento de aquélla, le confirió el mando de Babilonia a su hijo mayor Shamashumukín. La rivalidad entre Asurbanipal, sucesor de su padre Asarhaddón, y su nombrado hermano mayor, ensangrentó aún por un tiempo a Babilonia, guerra fratricida que se resolvió en favor de Asurbanipal, quien restableció la unidad del imperio. Cuando en los primeros años de su reinado, varios gobernadores puestos por Asiria en las principales ciudades del Norte de Egipto (entre los cuales estaba Necao, rey de Sais) tuvieron veleidades de insurreccionarse conjunta- mente con Taharca, de Napata, pronto fué deshecho ese conato de rebe- lión, y Necao, con el gobernador de Tanis, fueron conducidos engrilla- dos a Nínive. Lo mismo hubiera ocurrido con Manasés, si éste hubiera

PRETENDIDA REFORMA DE MANASES

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querido acompañar esa insurrección; pero todos los datos que tenemos, revelan que éste fué un convencido asiriófilo, que siempre se comportó como fiel vasallo de sus amos asirlos. Sin embargo, lo más que podría aceptarse, a título de simple conjetura, sería que Manasés, como tri- butario del rey de Asiría, hubiese sido llamado por éste, con cualquier motivo, a Babilonia, en momento en que se encontrase allí accidental- mente, según luego se dirá 3203), retirándose después de esa en- trevista a su reino de Judá.

3200. Finalmente, según las Crónicas, al arrepentirse Mana- sés y ser repuesto en su trono, efectuó la reforma religiosa que se de- talla en los vs. 15 y 16. Ahora bien, fuera de que el gobierno asirlo no hubiera permitido que se excluyera su religión en un país vasallo suyo lo que hubiese sido considerado como acto de intolerable hostilidad , tenemos en contra de lo aseverado por el Cronista, estos dos contun- dentes testimonios: a) el de Jeremías, quien detallando el terrible cas- tigo que infligiría Yahvé a su pueblo, le hace decir a este dios: "Haré de ellos un ejemplo terrorífico para todos los reinos de la Tierra, a causa de Manasés, hijo de Ezequías, rey de Judá, con motivo de todo lo que él hizo en Jerusalén" (15, 4). b) El testimonio de Josías, quien cuando emprendió su célebre reforma, encontró en el Templo, to- das "las abominaciones" hechas por su abuelo y por reyes anteriores, pues se refiere que "el rey derribó también los altares que se encontra- ban sobre la terraza, en la cámara alta de Acaz, y que habían cons- truido los reyes de Judá, así como los altares que Manasés había cons- truido en los dos patios de la casa de Yahvé; y el rey, después de ha- berlos deshecho, los sacó de allí, e hizo echar su polvo en el torrente del Cedrón" (II (Rey. 23, 12). Si se compara II Rey. 21, 3-7 con II Rey. 23, 4-11, se verá claramente la falsedad de la pretendida reforma de Manasés.

3201. A pesar de lo dicho, la ortodoxia, empeñada a toda costa, en defender la veracidad del relato impugnado, alega: a) que documen- tos cuneiformes mencionan que Asurbanipal recibió en Babilonia, a embajadores chipriotas que le traían presentes, quizá para felicitarlo por su triunfo en 648, al sofocar la rebelión de un tal Shamashumukín, que se hacía pasar por el hermano mayor del rey (MoRET, p. 704), lo que sólo probaría que el soberano asirio residía a veces en esa ciu- dad de su imperio, donde no encontraba inconveniente en recibir dele- gaciones de países amigos. b) Se alega también que si Asurbanipal, siguiendo una hábil política de conciliación, perdonó a Necao y lo re- puso como gobernador de Sais, bien pudo haber hecho lo mismo con Manasés, en Judá. Pero además de que esto es una problemática supo- sición— , no se olvide que de este rey se afirma que fué hecho cautivo o conducido con garfios, como bestia feroz, y ese cruel tratamiento aplicado por lo general a poderosos reyes enemigos prisioneros, iba a

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FANTASIAS DE HAGIOGRAFOS

menudo acompañado de la pérdida de los ojos, o seguido de la decapi- tación de tales víctimas. Ye) En que los cultos idolátricos en vigor, en época de Manases, pudieron haber sido restablecidos por su hijo Amón. Esta es también una simple conjetura, sin fundamento. En efecto, Amón (cuyo nombre, que es el de un dios de Egipto, da a sospechar la influencia religiosa de este país) tuvo un corto reinado de dos años (1), durante el cual "siguió en todo, el camino en que anduvo su padre; rindió culto a los ídolos que su padre había adorado y se pos- tró ante ellos" (II Rey. 21, 21) ; fué asesinado por algunos de sus ser- vidores en su palacio, pero contaba con el apoyo popular, pues "el pue- blo mató a todos los que habían conspirado contra el rey Amón" (v. 24). Ni siquiera las Crónicas se atreven a decir que hubiera hecho una contra-reforma religiosa, limitándose a expresar que "no se humilló delante Yahvé, como se había humillado Manases, su padre; por el con- trario, Amón acreció sin cesar su culpabilidad" (v. 23). Nada queda, pues, del pretendido castigo, arrepentimiento y reforma de Manasés, lo que Loisy califica de "fantasías de hagiógrafos" , que en su pre- juicio ortodoxo inventó el Cronista.

3202. Para que se vea cuán usual era fabricar narraciones ficti- cias con la finalidad de apoyar tesis dogmáticas o religiosas, recuér- dese que manifestándose que, en su angustia, Manasés se humilló y oró a Yahvé, el que escuchó sus súplicas, no faltó quien creyó del caso poner por escrito esa plegaria que tan eficaz había sido, y la que, se- gún el Cronista, se encontraba consignada en los Actos (o la Historia) de los reyes de Israel, y en los libros que contenían las palabras de Hozai o de los videntes (vs. 18-19). Estas historias no nos han sido conservadas; pero en cambio, existe en la Biblia de los LXX con el título de "Plegaria de Manasés", un poemita o salmo compuesto en griego por un judío piadoso, quizá del siglo I a. n. e., composición que aparece en la Didascalia, código de legislación eclesiástica redacta- do por el año 275 n. e.— , de donde pasó a las Constituciones apostó- licas, escrito seudoepígrafo cristiano, más o menos del año 400. Se la encuentra igualmente en antiguas ediciones de la Vulgata, después de las Crónicas; traducida por Lutero 30) figura en Biblias protestan- tes, en la parte de "Apócrifos"; y finalmente se la halla igualmente en diversas ediciones modernas de la Biblia, publicadas por la iglesia grie- ga ortodoxa. Sin embargo, la iglesia católica no la ha admitido oficial- mente en su canon; debiendo agregarse, por último, que la que existe escrita en griego no es una versión de la "Plegaria" en hebreo que manifiesta el Cronista existía en sus fuentes, la que tenía que ser inven-

(1) La Versión Moderna de Pratt, en II Rey. 21, 19, equivocadamente dice que Amón reinó doce años, en vez de dos, como aparece en II Crón. 33, 21, y como así trae el original hebreo, y la versión de Valera.

MANASES, VASALLO FIEL DE ASIRIA

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tada también, desde que formaba parte de un relato típicamente fraudu- lento. Véanse más adelante otros relatos seudoepígrafos, como El Libro de Baruc y la Carta apócrifa de Jeremías (cap. XXI) que muestran cuán frecuente era en los últimos siglos anteriores al cristianismo, el atribuir falsamente a destacadas personas, diversos escritos, con fines más o menos piadosos.

3203. Cerraremos el estudio de este episodio imaginado por el Cronista, transcribiendo a continuación la siguiente nota de L. B. d. C, que puede considerarse como el resumen de todo lo que dejamos ex- puesto sobre el pasaje de II Crón. 33, 11-17: "Este profundo cambio en los destinos y en la actitud religiosa de Manasés no se menciona ni en el libro de los Reyes, ni en los discursos de los profetas de la época (Je- remías, Ezequiel) , ni en los documentos cuneiformes. Estos nombran dos veces a Manasés; pero como vasallo leal de Asarhaddón y de Asur- banipal. Quizá se apoye la historia de la cautividad del rey de Judá en un viaje que éste hizo a Mesopotamia para llevar el tributo a su soberano. Asarhaddón, en uno de sus cilindros, dice: "Convoqué a veintidós reyes del país de Hatti, que habitaban a orillas o en medio del mar (es decir en las islas) y los hice venir a todos: Baal, rey de Tiro, Manasés, rey de Judá (Me-na-si-e sar mat ya-ou-di) , etc.". No sería imposible que Manases hubiera sido convocado a Babilonia; por- que los dos reyes de Asiria, que fueron sus soberanos, residieron a menudo en esta ciudad. Hasta se podría admitir que haya sido citado como culpable o sospechoso de afiliación a una de las sublevaciones que esos reyes tuvieron que reprimir en su vasto imperio, y que ha- biendo podido demostrar su lealtad, haya sido libertado y repuesto en el trono, como ocurrió con Necao, que fué gobernador en Egipto, de Asiria, antes de llegar a ser el rey y libertador de su país. (Realmente el que libertó a Egipto de los asirios, fué el hijo de Necao, Psamé- tico I, fundador de la XXVI dinastía saita) . Sin embargo, éstas no son hasta el presente, sino conjeturas. En cuanto al arrepentimiento de Manasés y a las medidas reparadoras que tomó él, según las Crónicas, son cosas que las ignoran tanto Jeremías como el redactor del libro de los Reyes: estos dos testigos, casi contemporáneos de los sucesos, con- sideran la apostasía de Manasés como el crimen irremisible que causó la ruina definitiva de Jerusalén (II Rey 21, 10-15; 24, 3-4; Jer. 15, 4)". Y finalmente, la misma L. B. d. C. en su Introducción al libro de las Crónicas, sintetiza su juicio sobre el pasaje de la referencia, diciendo: "Del relato de la conversación de Manasés (33, 11-13) se puede conser- var que éste fué vasallo del rey de Asiria, y que fué llamado ante su soberano".

CAPITULO II

. El reinado de Josías

LOS PARTIDOS POLITICOS Y RELIGIOSOS EN JUDA. 3204. Desde que surge amenazante la potencia asiria en el escenario histórico de Judá, se delinean con más o menos nitidez, tres agrupa- ciones políticas, a saber: a) la de aquellos dispuestos a someterse al dominio de dicha nación; b) la de los que se inclinaban a la alianza con Egipto para contrarrestar la influencia y la fuerza de Asiria; y c) la de aquellos que sostenían la completa neutralidad, manteniéndose alejados de esos dos grandes colosos. Ya hemos visto, principalmente en el reinado de Exequias, la pugna entre esos tres partidos, el último de los cuales tenía por jefe a Isaías. Con Manasés triunfa el partido asiriófilo, lo mismo que durante el breve reinado de sus sucesor Amón. Del punto de vista religioso, había también distintas tendencias, con- tándose entre ellas: el yahvismo tradicional, apegado a las costumbres de sus antepasados; y el partido prof ético reformador. Quizá también, como opina Renán, ya se hiciera sentir la influencia de los pietistas, o de los anavim, de que hemos hablado 1167, 1193),